EL DESIERTO SONORENSE, SU RIQUEZA BIOLÓGICA Y LAS AMENAZAS QUE ENFRENTA

Abr 14, 2021

Sonora es unos de los estados más extensos de México y cuenta con una gran riqueza natural como consecuencia de los diferentes ecosistemas presentes en su territorio y su estratégica ubicación en los límites de dos grandes bioregiones de Norteamérica: la región neotropical y la región neártica.

Tres cuartas partes de su territorio comprende diversas subdivisiones florísticas del Desierto de Sonora, por lo que podría decirse que Sonora es un estado mayormente desértico, siendo este uno de los desiertos más biodiversos del mundo. Las regiones áridas y semiáridas del estado contienen a cuatro de las subdivisiones vegetales en que se caracteriza el desierto sonorense:  las Planicies de Sonora, la Costa Central del Golfo, el Altiplano de Arizona y la región del Valle del Bajo Río Colorado, todas estas cubriendo desde el centro oeste del estado hasta el extremo noroeste colindando con Baja California.

El Desierto de Sonora ha sido clasificado como uno de los desiertos más biodiversos del planeta destacándose por la presencia de más especies arbóreas que otros desiertos de México y del mundo, fenómeno explicado por el patrón bianual de lluvias y su ubicación entre las dos grandes biorregiones mencionadas anteriormente1.

Uno de los factores de gran importancia de los ecosistemas en Sonora es su alto grado de endemismos, es decir, de especies cuya distribución sólo se encuentra en el estado o en una pequeña porción de él; si bien podemos encontrar un alto número de especies en los ecosistemas de selva baja y un bajo número de estas en la región desértica, en ambos casos sobresalen la presencia de especies endémicas.

La subdivisión del Valle del Bajo Río Colorado es una de las más extensas del desierto sonorense con más de 3 millones de hectáreas siendo además la más árida del estado, con precipitaciones escasas por debajo de los 75 mm anuales2. En esta subdivisión se localiza la región conocida como el Gran Desierto, donde queda inmersa la Reserva de la Biosfera de El Pinacate y Gran Desierto de Altar. Un espacio único en el mundo por su gran belleza paisajística, su riqueza biológica y la presencia de un enorme escudo volcánico con la mayor concentración de cráteres del tipo Maar (cráteres provocados por impresionantes explosiones de vapor al entrar en contacto el magma proveniente del interior de la corteza terrestre y encontrarse con el agua subterránea). Cabe mencionar que la región del Gran Desierto es parte de la región ocupada por los Tohono O’odham (pápagos) y el Pinacate es considerado como sitio sagrado para este pueblo.

La subdivisión denominada Planicies de Sonora es también muy extensa y su superficie abarca cerca de 3 millones de hectáreas. Esta región se caracteriza por la presencia de especies de gran relevancia como el Palo Fierro, el Mezquite, el Palo verde y la Rama blanca. A pesar de su gran importancia en términos ecológicos es una de las regiones menos protegidas y más amenazadas por las actividades urbanas e industriales, así como por la introducción de especies exóticas invasoras.El ecosistema conocido como Costa Central del Golfo se encuentra presente a ambos lados del Golfo de California, así como en todas las islas a lo largo y ancho de este;  es de los ecosistemas de menor tamaño en el estado, con menos de un millón de hectáreas y coincide con la región tradicionalmente ocupada por los Com Ca’ac (Seris). Se caracteriza por la presencia de especies de plantas suculentas de tallos gruesos. Esta subdivisión sustenta una flora muy diversa y una gran cantidad de endemismos3.

Si bien el desierto sonorense y sus diferentes subdivisiones ocupan la mayor parte del territorio del estado, rondando los 184.934 km24, es sin duda el ecosistema que, en proporción a su extensión, ha tenido y sigue teniendo los impactos más severos y los cambios de uso del suelo más agresivos en los últimos ochenta años. Empezando por la creación de los Distritos Nacionales de Riego hasta la Revolución Verde. La agricultura ha sido una de las actividades que más disturbios ha provocado prácticamente en todas las regiones que comprenden el desierto, demandando grandes extensiones de terreno y desorbitantes cantidades de agua que es, por naturaleza, un recurso escaso en todo el territorio.

Por otro lado, la introducción de especies exóticas invasoras como el zacate buffel (especie de pasto africano muy agresivo) para fomentar e impulsar la actividad ganadera, no solo ha provocado la transformación radical de los sistemas naturales en el desierto, sino que ha traído consigo elementos como el fuego que no estaba presente de manera natural y que año tras año, provoca incendios catastróficos para las especies nativas que no lo soportan. Esto sin contar con la degradación y pérdida suelo fértil, la intrusión salina por la excesiva extracción de agua, el abatimiento de los mantos freáticos, la erosión y desertificación del desierto, aunque suene redundante.

A la agricultura en gran y pequeña escala, los desmontes para el establecimiento de praderas de zacates africanos para fomentar la ganadería a gran escala, se suma el crecimiento exponencial de la acuicultura, actividad económica que ha transformado extensas regiones de ecosistemas costeros del Desierto de Sonora; particularmente de las subdivisiones de la Costa Central del Golfo incluyendo los matorrales espinosos de la zona costera del sur de Sonora (Huatabampo, Navojoa, Cajeme, Guaymas,  Hermosillo y Pitiquito) y del Valle del Bajo Río Colorado (Caborca, Puerto Peñasco y San Luis Río Colorado). Esta actividad ha transformando de manera casi criminal estos ecosistemas, al no contar con una planeación y sin considerar los impactos ambientales acumulativos se ha provocado la consecuente pérdida de biodiversidad, específicamente de  pequeños y grandes cactus endémicos.

Sin embargo, como si esto fuera poco, se suman a estas grandes actividades económicas, nuevas amenazas. Por un lado, el constante crecimiento de las grandes ciudades del estado (casualmente la mayoría de ellas ubicadas en ecosistemas desérticos) como Hermosillo, Ciudad Obregón, Navojoa, Guaymas, Caborca, Puerto Peñasco y San Luis Río Colorado, todas ellas demandando más superficie y más recursos naturales, y finalmente una actividad que no puede dejarse de lado por el impacto ambiental irreversible y en algunos casos, la alta necesidad de recursos (agua) que requiere, es la actividad extractiva de materiales pétreos (arena, grava, piedra laja, etc) para la construcción, así como la extracción de minerales metálicos y no metálicos (minería).

La minería, es una actividad que ha estado presente en casi todo el desierto sonorense desde el establecimiento de las misiones jesuitas durante la época colonial y ha estado asociada particularmente a las sierras graníticas que forman parte de la región fisiográfica denominada “basin and range” (cuencas y sierras) que se extiende por el noroeste del estado, en la región del Gran Desierto de Altar.

Antiguamente la actividad minera se hacía a pequeña escala (gambusinaje) y a mediana o gran escala, mediante minería subterránea a través de tiros mineros, sin embargo, recientemente la minería se desarrolla principalmente, a tajo abierto  usando sustancias altamente tóxicas (mercurio en el caso del gambusinaje y arsénico y cianuro en los procesos de beneficio a gran escala). La extracción de minerales, principalmente oro, implica la utilización de grandes cantidades de agua, convirtiéndose en un grave problema ante la escasez de este recurso ya que solo puede extraerse de pozos profundos o de reservas de aguas fósiles que son prácticamente irrecuperables. 

Pero no solo existe un evidente conflicto con el agua. Como toda actividad minera a cielo abierto, el impacto sobre los ecosistemas es irreversible. No debemos olvidar que los procesos de crecimiento y maduración de especies vegetales en los ecosistemas desérticos llevan mucho más tiempo que en otros ecosistemas. De allí que los ecosistemas desérticos sean más sensibles a cualquier cambio y su recuperación sea extremadamente lenta. Además, como ya lo hemos mencionado, el desierto sonorense es rico en especies de flora y fauna endémicas y por lo tanto al destruir la cobertura vegetal, se destruyen siglos o milenios de historia natural, incluyendo también sitios de importancia paleontológica y arqueológica. 

Entre los graves impactos ambientales en ecosistemas desérticos están: la modificación de escorrentías, formación de drenajes ácidos, impacto por ruido y luz artificial sobre la fauna nativa, el desplazamiento forzado de algunas especies a otros ecosistemas donde por sus características tienden a desaparecer, pérdida o contaminación de fuentes de agua para la vida silvestre, pérdida de suelos fértiles para la flora nativa y el incremento en el flujo vehicular en la zona, que puede llevar al atropellamiento de fauna. 

Finalmente, a todo esto, hay que agregar el grave problema que es el reciente crecimiento desmedido, sobre todo por la ampliación de los proyectos mineros, actualmente activos sin una regulación y supervisión transparente. Si no hay quien regule o establezca límites a este crecimiento, en poco tiempo habremos perdido una buena parte de nuestro valioso capital natural, todo esto nos lleva a generar una nueva alerta sobre el frágil y ya bastante perturbado, Desierto de Sonora.


 1Castellanos-Villegas, Alejandro E. et al. 2010.Impacts ecológicos por el uso del terreno en el funcionamiento de ecosistemas áridos y semiáridos. En:Molina-Freaner F. E. y Thomas Van Devender Eds. Diversidad Biológica de Sonora.

2Martínez-Yrízar, A., R.S. Felger y A. Búrquez. 2010. Los ecosistemas terrestres: un diverso capital natural. En:Molina-Freaner F. E. y Thomas Van Devender Eds. Diversidad Biológica de Sonora.

3Martínez-Yrízar, A., R.S. Felger y A. Búrquez. 2010. Los ecosistemas terrestres: un diverso capital natural. En:Molina-Freaner F. E. y Thomas Van Devender Eds. Diversidad Biológica de Sonora.

4Molina-Freaner F. E. y Thomas Van Devender Eds. Diversidad Biológica de Sonora

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